El verano de 2009 cuando tenia ya quince años, me alejé un poco de la vida real. Algo en mí me decía que cuanto más tiempo pasase dentro de ella, más me alejaría de mi objetivo, mi meta. Pocas veces salía, no quería saber de nada ni nadie. Era ese temible enemigo, la báscula, y yo. Desde esa epoca hasta la fecha los números se han convertido en mi aliado y enemigo. Los gramos, las calorias, los centimentros, IMC, cualquier cifra me atormentaba por ser mucha desde mi punto de vista. Cuando comence el curso de primero de bachillerato ya llevaba casi un año acudiendo a un psicólogo para tratar este problema y continuo hasta ahora. Estaba sola desde las ocho de la mañana, "comia" en el comedor, merendaba y cenaba por mi cuenta, algo que bajo mi prisma personal me beneficio pues conseguiria mi meta. Vomitar, laxantes, comer muy poco eran parte de mi rutina diaria si ellos faltaban no era yo. ¿Mi vida? Adelgazar. Aunque con el tiempo fui capaz de aumentar mis actividades dedicadas al ocio, esos pensamientos no se alejaban de mi mente. Arrodillarse delante de un vater, apretar el estomago, beber mucha agua e introducir mis dos dedos hasta el fondo de mi garganta nunca me fue fácil, me dolía moral y fisicamente. Sabía que estaba mal, pero lo necesitaba, sentia ese impetuoso menester de arrojar los alimentos de mi cuerpo, sentir esa liberación, esa aprobacion de mi cabeza. Con el paso del tiempo esas ideas me controlaban, a mí y a mis acciones. Ella era mi dueña, mi amiga y enemiga al mismo tiempo, me recompensaba y castigaba me decia felicidades y me reprochaba no haber avanzado, se contradecia, me confundia y me amargaba más y más. Me repetía que solo debia ser delgada, guapa, halagada por el resto y daba igual si perdia mi salud, mi integridad, mi dignidad, mi vida y mis valores. Tenemos siempre muy presente que el fin justifica los medios. No importa el sufrimiento solo tenia que lograr mi meta. Fui adelgazando pero no me llegaba, no me parecia suficiente, nunca lo fue. Si antes ocupaba el 99% de mí, ahora tan solo el 75%, es un gran progreso aunque no lo parezca.martes, 24 de mayo de 2011
Decir "No gracias" a la comida es un "Si por favor" a la delgadez.
Hace tiempo que estos pequeños recuerdos han perdido calidad. Hoy tengo ganas de escribir no sé si será el momento o que tengo algo más que contar.
El verano de 2009 cuando tenia ya quince años, me alejé un poco de la vida real. Algo en mí me decía que cuanto más tiempo pasase dentro de ella, más me alejaría de mi objetivo, mi meta. Pocas veces salía, no quería saber de nada ni nadie. Era ese temible enemigo, la báscula, y yo. Desde esa epoca hasta la fecha los números se han convertido en mi aliado y enemigo. Los gramos, las calorias, los centimentros, IMC, cualquier cifra me atormentaba por ser mucha desde mi punto de vista. Cuando comence el curso de primero de bachillerato ya llevaba casi un año acudiendo a un psicólogo para tratar este problema y continuo hasta ahora. Estaba sola desde las ocho de la mañana, "comia" en el comedor, merendaba y cenaba por mi cuenta, algo que bajo mi prisma personal me beneficio pues conseguiria mi meta. Vomitar, laxantes, comer muy poco eran parte de mi rutina diaria si ellos faltaban no era yo. ¿Mi vida? Adelgazar. Aunque con el tiempo fui capaz de aumentar mis actividades dedicadas al ocio, esos pensamientos no se alejaban de mi mente. Arrodillarse delante de un vater, apretar el estomago, beber mucha agua e introducir mis dos dedos hasta el fondo de mi garganta nunca me fue fácil, me dolía moral y fisicamente. Sabía que estaba mal, pero lo necesitaba, sentia ese impetuoso menester de arrojar los alimentos de mi cuerpo, sentir esa liberación, esa aprobacion de mi cabeza. Con el paso del tiempo esas ideas me controlaban, a mí y a mis acciones. Ella era mi dueña, mi amiga y enemiga al mismo tiempo, me recompensaba y castigaba me decia felicidades y me reprochaba no haber avanzado, se contradecia, me confundia y me amargaba más y más. Me repetía que solo debia ser delgada, guapa, halagada por el resto y daba igual si perdia mi salud, mi integridad, mi dignidad, mi vida y mis valores. Tenemos siempre muy presente que el fin justifica los medios. No importa el sufrimiento solo tenia que lograr mi meta. Fui adelgazando pero no me llegaba, no me parecia suficiente, nunca lo fue. Si antes ocupaba el 99% de mí, ahora tan solo el 75%, es un gran progreso aunque no lo parezca.Vales más que una imagen, no lo olvides.
El verano de 2009 cuando tenia ya quince años, me alejé un poco de la vida real. Algo en mí me decía que cuanto más tiempo pasase dentro de ella, más me alejaría de mi objetivo, mi meta. Pocas veces salía, no quería saber de nada ni nadie. Era ese temible enemigo, la báscula, y yo. Desde esa epoca hasta la fecha los números se han convertido en mi aliado y enemigo. Los gramos, las calorias, los centimentros, IMC, cualquier cifra me atormentaba por ser mucha desde mi punto de vista. Cuando comence el curso de primero de bachillerato ya llevaba casi un año acudiendo a un psicólogo para tratar este problema y continuo hasta ahora. Estaba sola desde las ocho de la mañana, "comia" en el comedor, merendaba y cenaba por mi cuenta, algo que bajo mi prisma personal me beneficio pues conseguiria mi meta. Vomitar, laxantes, comer muy poco eran parte de mi rutina diaria si ellos faltaban no era yo. ¿Mi vida? Adelgazar. Aunque con el tiempo fui capaz de aumentar mis actividades dedicadas al ocio, esos pensamientos no se alejaban de mi mente. Arrodillarse delante de un vater, apretar el estomago, beber mucha agua e introducir mis dos dedos hasta el fondo de mi garganta nunca me fue fácil, me dolía moral y fisicamente. Sabía que estaba mal, pero lo necesitaba, sentia ese impetuoso menester de arrojar los alimentos de mi cuerpo, sentir esa liberación, esa aprobacion de mi cabeza. Con el paso del tiempo esas ideas me controlaban, a mí y a mis acciones. Ella era mi dueña, mi amiga y enemiga al mismo tiempo, me recompensaba y castigaba me decia felicidades y me reprochaba no haber avanzado, se contradecia, me confundia y me amargaba más y más. Me repetía que solo debia ser delgada, guapa, halagada por el resto y daba igual si perdia mi salud, mi integridad, mi dignidad, mi vida y mis valores. Tenemos siempre muy presente que el fin justifica los medios. No importa el sufrimiento solo tenia que lograr mi meta. Fui adelgazando pero no me llegaba, no me parecia suficiente, nunca lo fue. Si antes ocupaba el 99% de mí, ahora tan solo el 75%, es un gran progreso aunque no lo parezca.
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