miércoles, 13 de abril de 2011

Él abrió los ojos siendo ya tarde (II)

Llevaba días vagando por la ciudad. Era madrugada cuando se encontró de frente con la realidad. Regresaba a casa y ella aún no había vuelto. Los interrogantes que rodeaban su partida lo abrumaban. No le dejaban dormir, por lo que siempre ya entrada la noche acudía a aquellos lugares en los que un día la había querido y se había dejado querer.

Giró el picaporte, abió la puerta lentamente con la esperanza de encontrarla tras ella, con el ansia de que aquel tiempo fuese un sueño o más bien una pesadilla. Observó que su contestador parpadeaba, un brillo rojo burdeo que cuanto mas tiempo lo contemplaba, mas le hipnotizaba. Ni siquiera de acercó a apagala, estaba cansado. Nunca contestaba a las llamadas de sus amigos que cada vez eran menos frecuentes ni  a las insistentes de su familia. Solamente quería estar solo, encerrado en la prisión que le provocaba la gran pérdida, su creciente dolor. Su única compañera fue la soledad y cuando esta le acechaba una fuerte inspiración le haría olvidar. Ya sólo quedaban en aquel viejo apartamento, él y ella.

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