lunes, 25 de abril de 2011

Confesionario de papel (24 de febrero de 2011)

Y aquí estoy dispuesta a escribir y ni siquiera sé el que. Hoy hace un  mes que estoy ingresada en una unidad psiquiátrica. ¡Joder!- pensarás. Llegué a este punto porque lo único que te tenía o creía tener en mi vida era el culto a mi cuerpo. Una parte, afortunadamente piensa que tengo algo más. Te escribo esto aunque soy yo, tú, cada vez que estés de bajón. Cada vez que pienses que desviste escoger el camino de enfermedad, lee esto, recuerda la sensación que tuviste al abrazar tres personas para las que significas tanto y ellas para ti y que quieren que dejes esto atrás. Me da igual, que estés de bajón, la vida es una mierda, pero al menos, vives. Deja esos pensamientos atrás: “Lo haces todo mal y estás gorda”. ¿Cuántas veces lo repetiste? Déjalo ya. Hay cosas más importantes. Quieres ser guapa y estar delgada ¿a qué precio?. Al precio de tu vida, al de no tener nada, lo has perdido todo. En serio, sé que te cuesta, me está costando escribirlo sin cambiar de opinión. Sé que duele, sé que cada vez que pasas hambre o vomitas te sientes viva, satisfecha, orgullosa. No puedes seguir así. Ni princesitas de porcelana, ni rajarse los  brazos como castigo, ni pastillas para adelgazar, ni laxantes, ni vómitos, ni pasar hambre, ni ana, ni mia. Vive de una puta vez. Da igual que adelgaces, el dolor y el daño no se borra ni siquiera amaina. Sigue siendo intenso hasta que el tiempo te hace reflexionar y con él, se hace callo, y no duele, ahora hay altos y bajos pero pronto sólo habrá altos. No desperdicies ni un segundo más. Estás haciendo lo correcto. Repite tres veces mirándote al espejo: “Estoy haciendo lo correcto”. Te quiero, es decir, me quiero, no lo olvides.

No hay comentarios:

Publicar un comentario